Es difícil decir no
Había nacido en el seno de una família acomodada a las afueras de la ciudad; crecido en un hogar que muchos sólo podian tener en sus sueños. El anciano recordaba su infancia con cariño y cierta melancolía, sobretodo aquellos momentos en que él y su mejor amigo, a los seis o siete años, montaban una caseta en el árbol del jardín. Estudiaban, jugaban, dibujaban e incluso se llevaron un colchón a la "base alfa", como ellos la llamaban, para poder contar historias hasta altas horas de la madrugada. Cerca de la mayoría de edad, su padre le envió a una universidad de renombre donde se sacó la carrera cinco años después. Él mismo le consiguió un trabajo en su propia empresa; una multinacional con miles de trabajadores distribuídos en varios países de Europa, Asia y América. Poco tiempo después, en una concurrida fiesta de aristócratas y gente de buenvivir varia, le presentó a su futura esposa. Rápidamente fue ascendiendo hasta convertirse en uno de los magnates de la empresa.
A los 45 años tenía dinero, família y una buena casa. Sin embargo, el anciano ya en esa época sentía que algo fallaba. Tenía lo que toda persona deseaba y sin embargo nada le llenaba. Se sentía vacío entre la opulencia, solo entre la multitud. Aborrecía la falsedad que inútilmente ocultaban las sonrisas de los que le rodeaban, la aparente servicialidad que le mostraban para conseguir parte de su fortuna. Echaba de menos aquellos momentos con sus más íntimos amigos; las charlas de horas y horas sobre libros y películas; las risas que se echaban al atardecer tumbados en el sofá. Echaba de menos el calor de la amistad y del cariño, en definitiva. Recordaba con dolor el momento en que perdió a su mejor amigo por la distancia, el momento en que sus esperanzas para estudiar lo que deseaba se esfumaron al pisar la facultad donde su padre le mandó. Le dolía estar en una vida deseada por otro, por su padre. Con el tiempo esa sensación se agudizó hasta hacerse insufrible.
Le diagnosticaron cáncer terminal a los 71 años. Postrado en su cama poco más podía hacer que reflexionar. Solía estar rodeado de su esposa y varia gente que a duras penas conocía; los aborrecía. Sabía que tras esas caras de pena solo había la esperanza de una suculenta parte de su fortuna y, quien sabe, del gran patrimonio que su padre le cedió. Sólo habia una persona de la sala a la que apreciaba, su nieto. Tan joven, tan lleno de vida, tan... libre. Veía en él el joven que jamás pudo ser.
No temía a la muerte ni temía dejar a los que le rodeaban. La tristeza que le invadió en sus últimos momentos de vida nada tuvieron que ver con ello. Recordó con amargura lo que pudo ser y jamás fue. Se arrepintió de su actitud y maldijo su resignación ante el control que otros habían hecho sobre su vida. Se maldijo a sí mismo por no haber sido lo necesariamente fuerte para coger las riendas de su vida, por no hacer nada ante el asesinato que se cometió al privarle de su propia vida décadas atrás. Murió sabiendo que no había aprovechado la vida que se le habia concedido, sabiendo que ya hacía décadas que estaba muerto por dentro.
Name: Anna



